EL CISNE NEGRO

EL CISNE NEGRO
Artículo redactado por Samuel Gutiérrez Manzanares, sobre EL CISNE NEGRO.

Estudio de investigación. Análisis económico y social.

Samuel Gutiérrez Manzanares. – Licenciado en Ciencias del Trabajo.

Introducción
Durante siglos se creyó que todos los cisnes eran blancos, ya que los registros
históricos señalaban que siempre tenían plumas blancas; era imposible imaginarse la
existencia de cisnes negros: parecía una creencia.
Así fue hasta que en 1697 una expedición holandesa descubrió cisnes negros en
Australia. Desde entonces, se suele hablar de “Cisnes Negros” para subrayar que una
imposibilidad percibida podría ser refutada más tarde.

Desarrollo
«Cisne Negro» adquirió mucha relevancia durante la crisis de 2008 pues era una forma
«atractiva» de analizar varias crisis simultáneas, según cuenta James Pethokoukis en
un reciente artículo en “The Week”. Aquellos “shocks” económicos auparon al
inversor y matemático Nassim Nicholas Taleb a una celebridad mundial.
El coronavirus ya se ha convertido por derecho propio en un “Cisne Negro”. Ese
fenómeno impredecible que pulveriza las predicciones de gobiernos y empresas; el
meteorito que obligar a reajustar, de golpe, casi todas las prioridades.
Sea cual sea su peligro real, su alcance o el grado de incertidumbre alimentada por la
prensa y las redes sociales, su impacto económico y social ya es una realidad.
En el caso de Estados Unidos, el coronavirus amenaza con descarrilar la poderosa
confianza económica y perturbar un año decisivo. Un año de elecciones presidenciales.
“Las cosas típicas que deberían de estar sucediendo en una economía normal están
siendo alteradas”. En maneras que no acabamos de entender, porque se trata de un
“acontecimiento sanitario”, reconoció Paul Gruenwald, economista jefe global de S&P
Global Ratings.

La bolsa cae a plomo y no hay manera de comprar mascarillas, jabón desinfectante o
guantes de quirófano en nuestras ciudades.
Los dos hechos responden al mismo factor, el miedo y la acaparación de los actores.
Sin embargo, somos más benévolos con quienes venden en los mercados
internacionales que con quienes compran en el barrio. Vemos lo que ocurre cerca como
histeria colectiva y nos parece prudente que el dinero lejano sea temeroso.
Tenemos tendencia a calificar selectivamente las emociones de los demás, es humano.
Lo es menos olvidarnos de que el miedo mantiene vivo nuestro instinto de supervivencia.
No es insensato sostener que el temor al coronavirus está justificado.
Lo objetivo es que este virus surgió en el peor lugar posible y que no habrá vacuna hasta
dentro de un año, que la enfermedad no ha podido contenerse hasta ahora y que
diariamente se está expandiendo de manera exponencial.
Hasta el momento, la ciencia no nos ofrece certezas sobre la posible evolución del
coronavirus.

Lo único que parece claro es que el riesgo de contagio económico es mayor que el de
contagio físico.
Lo único que puede anticiparse es que podemos encontrarnos ante el acontecimiento
más disruptivo de 2020 y del siglo XXI, uno de los Cisnes Negros que perfiló Nassim
Nicholas Taleb. Un hecho sorprendente, de gran calibre, con consecuencias en racimo
que alteran el orden que conocimos. El tipo de punto de no retorno que todo el mundo
vio venir muchos kilómetros después.
No hay consenso sobre el grado de impacto que tendrá, a medio plazo, el coronavirus
sobre la economía mundial. Dependerá de lo que ocurra con la evolución del virus. Lo
que no se discute es que dañará los números globales, al menos durante este trimestre,
y de que habrá un antes y un después.

Si no se contiene pronto, buena parte de lo que ocurra vendrá determinado por la acción
de los poderes públicos, de los actores políticos y económicos, y de los cuatro grandes
(EE UU, Europa, Rusia y China).
La erosión del multilateralismo ha restado músculo a las instituciones internacionales.
Desde 2008, los bancos centrales han ido perdiendo munición.
Los niveles de endeudamiento son preocupantes. El desempeño de nuestros gobiernos
puede desencadenar una nueva recesión, a día de hoy ya confirmada en casi todos los
países o aplazar, también, un proceso de mayor desglobalización o de mayor
cooperación.
Los escenarios están abiertos, las consecuencias y acciones de los actores, casi
imprevisibles, todo es posible.
Las críticas a la gestión inicial de la crisis y la posibilidad de un fuerte impacto económico
pueden provocar el cuestionamiento del modelo político.

Pero ¿realmente estamos ante un Cisne Negro? No lo parece. Los expertos de los
países occidentales llevan alertando durante años del riesgo de una pandemia en los
informes de seguridad nacional.
Su mensaje es claro: era cuestión de tiempo que un virus como el SARS-CoV-2 y su
enfermedad el Covid-19 se expandiera por el mundo. El problema era que no sabían
cuándo.
Antes de la crisis corona-vírica de cuarentena que atraviesa el mundo, prácticamente
en su totalidad, siendo el único hecho mundial en la historia, que es de ámbito global
afectado la inmensa mayoría de países y economías del globo terráqueo, algo sin
precedentes en el acontecer histórico de la humanidad.

Comencemos por el foco, China

La falta de transparencia, el exceso de propaganda y la ausencia de libertad de
expresión han generado malestar en la población de aquel país.
Podría ser visto como una crisis puntual, pero la ineficacia deja huella en la memoria
colectiva.

No han contenido el virus. Hay cosas más tolerables que vivir sin libertad bajo un sistema
que no funciona a la hora de la verdad. El Gobierno de aquel país se encuentra hoy ante la mayor prueba desde los tiempos de la plaza de Tiananmén. Las derivadas
geopolíticas podrían ir en cascada.

China es la gran fábrica del mundo. Si la normalidad no vuelve pronto a los centros de
trabajo, habrá problemas en las cadenas de distribución. Pueden verse afectados
sectores tan estratégicos para el mundo desarrollado como el automóvil, la tecnología,
la industria farmacéutica, el lujo y la moda; y un largo etcétera.
Viéndose ya afectados, los repuestos del automóvil en Europa, así como los principios
activos farmacéuticos que acaparan China e India (aquí los juntamos y metemos en un
blíster). Occidente diversificó tanto su industria, en alas al buscado beneficio, con el
abaratamiento de la mano de obra y costes de producción, motor de la economía
capitalista, que olvidó, que en el caso chino, con una economía planificada, que permite
cierto libre mercado, lo que hacían a la larga es perder el control de sus fábricas,
productos y mercado.

Pues sus fábricas tenían que tener 50 % de capital Chino, con el estallido de la crisis, lo
que ha hecho China es comprar ese otro 50% a precios muy baratos.
Hoy por hoy, China controla el mercado. La falta de nacionalismo de los Capitales y de
las grandes Multinacionales, son las culpables y generadoras de la situación en que nos
encontramos, que vivimos y padecemos; el ansiado beneficio, que hace mover el
capitalismo, nos ha traído la desregularización y falta de abastecimiento, en la que hoy
se encuentran las economías Occidentales.
También el de la aviación comercial, previendo el rescate de las grandes aerolíneas.
Ante su hundimiento, el día en que la ministra Calviño consideró que es “demasiado
pronto” para estimar el impacto económico del coronavirus, vimos al ministro francés de
Hacienda mostrar su preocupación por que el número de visitantes asiáticos a París
está cayendo entre un 30 y un 40%. Siendo, o era, el mercado turístico chino, el 15 %
del total mundial.

En Estados Unidos, se comparte la misma preocupación. Se estima que la caída del
turismo con origen en China estará en las mismas cifras —4,6 millones de noches de
hotel perdidas en 2020— y que harán falta cuatro años para retomar el pulso anterior.
Igual para las compañías aéreas. Las caídas en la bolsa pueden poner a los hogares
norteamericanos a la defensiva en pleno año electoral.

Regresemos a Europa. Apuntemos el riesgo de que el nacionalismo —en crecida—
promueva el cierre de fronteras; sería un golpe duro para las debilitadas instituciones
europeas. Tengamos en cuenta el impacto de la incertidumbre sobre el frágil estado
anímico y económico continental. Como consecuencia del coronavirus, la confianza de
los inversores alemanes ha caído después de unos trimestres que no han sido
precisamente fáciles.

Fuentes:
https://elordenmundial.com

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