Estudio de condiciones de vida en Venezuela

Estudio de condiciones de vida en Venezuela

Salió el último estudio de condiciones de vida en Venezuela y sus resultados solo confirman el destino al que el chavismo puso rumbo dos décadas atrás. Las cifras son devastadoras para cualquier ánimo. Venezuela exhibe condiciones de vida más similares a países africanos, con niveles de pobreza y miseria nunca antes visto en el país.

No entraremos en consideraciones metodológicas. Lo cierto es que el chavismo ha renunciado intencionalmente a proveer estadísticas hace algunos años, por lo que, como es normal, esa necesidad pasó a ser satisfecha por otros. Hoy, los datos son levantados casi exclusivamente por la encuesta nacional conjunta de la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela, y la Universidad Simón Bolívar.

Quizá el dato más alarmante de todos es el de pobreza. Venezuela desplaza a Haití como el país más pobre del hemisferio, y con las peores condiciones de vida. Esto es especialmente ilustrativo dado que no se registra un momento crítico tan grave como el actual en más de un siglo. De acuerdo con las estimaciones de la encuesta, el 96% de la población venezolana es pobre, y un 79% vive en condiciones de pobreza extrema. Considérese que el año en que Hugo Chávez es electo presidente, la pobreza cerró en un 49%, con un porcentaje de pobreza extrema del 21%.

De esta forma, la enorme mayoría del país vive en incapacidad de generar los ingresos necesarios para proveerse de un nivel de vida digno. Que el 96% de la población viva en situación de pobreza se traduce en incapacidad de financiar los gastos de vivienda, de servicios, de educación, de atención médica, de transporte y vestimenta. Pero que el 79% de la población venezolana esté en situación de pobreza extrema, implica que casi 8 de cada 10 venezolanos son incapaces de cubrir el mínimo necesario de la canasta alimentaria.

La desnutrición campea a sus anchas desde hace algunos años. Ahora, el 60% de la población no alcanza a consumir el mínimo de calorías diarias. La dieta hoy se compone de carbohidratos, prescindiendo de proteínas, constituyendo una dieta sumamente pobre en los nutrientes mínimos para el funcionamiento adecuado. Una dieta de este tipo, no solo tiene efectos visibles en temas de peso, sino en aspectos de salud, así como de capacidades físicas y mentales.

Sin embargo, sus peores consecuencias se verán en las nuevas generaciones de venezolanos. Continuando con los datos de la encuesta, casi 640 mil niños menores de 5 años sufren de desnutrición crónica. Muestra de ello es que Venezuela muestra la peor relación de peso y talla por edad en menores de 5 años de toda Suramérica. Infantes desnutridos se ven perjudicados en todo el proceso de desarrollo y aprendizaje posterior.

Por si fuera poco, se estiman 1,7 millones de niños fuera del sistema escolar. Cerca de la mitad de la población más pobre dentro del sistema tiene un año o más de rezago escolar. Será imposible cualquier proyecto serio de país sin abordar este problema. No hay desarrollo posible con desnutrición masiva y ausentismo escolar. Niños desnutridos se convierten en adultos con problemas orgánicos y dificultades cognitivas, que dificultan el aprendizaje así como su futuro desempeño laboral.

Otro tanto puede decirse sobre la disminución de la esperanza de vida. De acuerdo con lo indicado en el estudio, la crisis venezolana penaliza fuertemente a la población, con una caída de 3,7 años en este indicador. No debe sorprender, dado que hoy se vive peor, los suicidios se han multiplicado, y las muertes por delincuencia y enfermedades están al alza.

La dolarización que se presencia ha contribuido a la reaparición de productos. Con precios dolarizados y salarios que no superan los 3 dólares al mes, se entiende la envergadura del drama. El costo de la canasta básica se estima en los 45 millones de Bolívares Soberanos al mes (equivalente a 220 dólares), mientras que el salario mínimo se ubicó en mayo en los 400 mil BsS. Así, se requerirían 112 dólares al mes para poder cubrir el coste de vida, una diferencia de 109 dólares imposible de salvar en el país.

Todo lo anterior pone en grave riesgo no solo las vidas de millones, sino las posibilidades de avanzar hacia el desarrollo. Por supuesto, todo desarrollo está vedado, mientras la élite gobernante prosiga en su empecinamiento por sostener un set de políticas contraproducentes. No habrá espacio para avanzar, mientras la elección predominante sea la autodestructiva. La tragedia actual tiene sus raíces en las decisiones que se tomaron conscientemente, aún a pesar de conocer los costes eventuales de las mismas (o quizá precisamente por ellos).

Si bien, algunos de estos problemas pueden ser resueltos a mediano y largo plazo, existen otros que fácilmente se pueden convertir en daños permanentes. Durante mucho tiempo se habló de las oportunidades que representaba el bono demográfico para el futuro venezolano. Se arguía que de aprovechar este momento, se garantizarían las bases de la calidad de vida de millones de esos millones de futuros jubilados.

Pero, un sistema de reparto altamente dependiente de los precios de materias primas y deuda pública (fuente real de los fondos), está aún más condenado al fracaso que la versión clásica piramidal. En Venezuela, la independencia de las cotizaciones se transforma en la virtual garantía universal de míseras pensiones. Todo el mundo que trabaje los años necesarios obtiene su pensión, sin embargo, los montos de dinero son tan ínfimos que requerirían una categoría distinta a la de pobreza extrema para dar cuenta de la situación de estas personas.

De esta forma, el chavismo consiguió algo que parecía imposible, convertir a uno de los países con mayor potencial de explotación de recursos naturales en uno de los más pobres del mundo. La miseria está en las calles, en cada ciudad o pueblo del país. Quizá para el ojo del turista, todo parezca una exageración, especialmente si solo se conocen lugares que nada tienen que ver con el estado de la población. Pero, la realidad que viven 9 de cada 10 venezolanos es más propia de una pesadilla de la que no parece haber escapatoria. Si bien no son los únicos responsables de esto, sí que son los principales culpables.

Eduardo Castillo

Sociólogo. Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política

@NassinCastillo
https://politicusve.wordpress.com/

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