Akenatón el primer rey hereje de la historia.

AKENATÓN: EL FARAÓN QUE DESAFIÓ A LOS DIOSES

El Antiguo Egipto: tierra de poderosos faraones y numerosos dioses. Sin embargo, hubo un faraón que desafió el orden establecido y produjo una auténtica revolución religiosa y, por extensión, una revolución política y cultural. Ese faraón fue Akenatón

UNA REVOLUCIÓN

El faraón Akenatón llegó al trono en el año 1350 a.C, aproximadamente, durante el periodo conocido como el Imperio Nuevo; la etapa de mayor esplendor de la civilización egipcia. Akenatón, con sólo 18 años, sucedió a su padre Amenofis III tras la muerte prematura de su hermano mayor y heredero legítimo, Tutmosis.

El reinado de Amenhotep o Amenofis IV, como fue conocido Akenatón al principio, representó un cambio de paradigma revolucionario para esta civilización milenaria. Este faraón se atrevió a hacer algo inesperado, ya no sólo en su país, sino algo que no había pasado jamás en la historia de la humanidad hasta ese entonces: Akenatón implantó la primera religión monoteísta del que se tiene constancia en la Historia.

El faraón decretó el fin del sistema religioso politeísta que había existido en Egipto hasta entonces.

El soberano ordenó que se clausuraran los templos y que se borrara cualquier rastro de Amón-Ra, Anubis, Isis, Osiris y de las demás deidades y, en su lugar, se puso como único dios a Atón, el Sol.

De esta manera, Atón era el único dios y el faraón pasaba a ser el intermediario único y directo entre la divinidad y el pueblo como dios viviente que era. Amenhotep o Amenofis IV, el cual se había cambiado el nombre por el de Akematón (Hijo del Sol), tomó otra decisión que rompía con el status quo.

El faraón, junto con su esposa Nefertiti y la corte, abandonó la ciudad de Tebas, capital política y religiosa del imperio hasta ese momento, y se trasladó a una nueva ciudad ex novo a la que bautizó como Ajetatón. Actualmente es conocida como Tell-el-Amarna.

A una escala más terrenal, este cambio de paradigma político y religioso se dió a causa de que los sacerdotes del dios Amón, hasta ese entonces, eran un estamento de la sociedad egipcia que disfrutaba de un gran poder y una gran influencia sobre el pueblo que, incluso, podía rivalizar con la autoridad del faraón.

Akenatón, siguiendo la estela de su padre, quiso revertir la situación eliminando esa influencia, relegando a los sacerdotes de Amón a un segundo plano, y, de esta manera, concentrar en la figura del faraón los poderes militar, político, judicial y religioso para ser la única e indiscutible autoridad del reino.

TORMENTA EN EL DESIERTO Y FIN DE LA UTOPÍA

Aunque parecía que Akentaón había logrado su objetivo, muchos de sus súbditos seguían rindiendo culto Al dios Amón y a las demás divinidades. El faraón decidió usar el ejército para destruir los templos dedicados a los dioses y a perseguir, en concreto, los templos dedicados a Amón-Ra, el rival directo de Atón por ser la principal deidad.

Traducido a la situación real de Egipto, podemos ver como los sacerdotes del culto de Amón-Ra y el faraón seguían manteniendo esa lucha por ser la máxima autoridad religiosa del reino.

Estas luchas de poder sólo causaron un colapso en el país. A nivel político, Ay y Haromheb, suegro y cuñado de Akenatón respectivamente, gestionaron el país de manera nefasta con una proliferación de la corrupción en las instituciones mientras el faraón estaba ocupado con su cruzada contra los cultos que desafiaban la autoridad de Atón.

A nivel religioso y social, cada vez más gente se oponía al culto a Atón y se producían disturbios que el faraón intentó sofocar con el ejército y, mientras que el ejército estaba ocupado apagando revueltas, en las fronteras del Imperio, el reino hitita iba conquistando cada vez más territorio egipcio y empobrecimiento el país.

Finalmente, en el año 1330 a.C aproximadamente, Akenatón moría por causas que todavía se desconocen.

Con su muerte se restauró el culto politeísta con Amón-Ra como dios supremo, se abandonó Ajetatón y se borró todo rastro del culto a Atón y del reinado del faraón hereje. A nivel político y religioso, los sacerdotes de Amón recuperaron su poder y, para escenificar el cambio de etapa, Tutankatón, hijo y sucesor en el trono de Akenatón, se cambió el nombre por el de Tutankamón.

Así acabaron 17 años del intenso reinado de un faraón que quiso desafiar el orden establecido.

Carlos Llanas Vizcaino @carlosllanas_

 

 

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