La crisis y el hombre nuevo

La crisis y el hombre nuevo

Venezuela es un país de extremos.Algunas personas se han incorporado a ese nuevo esquema de producción, generando valor de forma honesta, invirtiendo e innovando (aunque otros puede que lo logren gracias a sospechosos nexos); otros, menos afortunados, sobreviven entre los despojos de la verdadera guerra económica nacional, aquella librada por el chavismo contra toda lógica productiva.

Lo que marcó el camino fue la obsesión del oficialismo con la revolución. Se trataba de poner patas arriba toda la historia. Bolívar se convirtió en símbolo socialista a la par de Marx y Lenin. El disparate llegó a tal punto de convertir al prócer venezolano en precursor del socialismo.Visionario indiscutible, Bolívar se le adelantó a Marx.Es bien sabidoque Marxle rechazó profundamente,aunque se basó en los reportes deSir Robert Ker Porter.Sin embargo, el contorsionismo ideológico fue tal, que Bolívar ocupó su espacio en la versión chavista de la Santísima Trinidad del socialismo venezolano compuesta por Bolívar, Simón Rodríguez, y el caudillo llanero Ezequiel Zamora.

¿Por qué tanto esfuerzo? Simple, todo régimen que desee perpetuarse necesita de una ideología que permee y se convierta en la versión oficial. Necesita de una visión de mundo compartida y aceptada por una gran parte de la población. Así, de tanto afirmarlocomo socialista y emblema del chavismo, Bolívar se convirtió en una figura que generó automáticamente rechazo en una parte importante del país.Con ello se facilitótanto la versión del Bolívar socialista, como la identificación del contrario: los antibolivarianos capitalistas (todos los demás).

Ahora bien, todo ello contribuye más que a la mera permanenciadel chavismo en el poder. Resulta sencillo aseverar hoy que todo su actuar político e ideológico constituyó un gigantesco engaño para ocultar la corrupción. Pero esto representa un error que condiciona el fracaso del socialismo al desfalco. Debe quedar claro que una menor corrupción solo habría postergado el colapso.

El problema no es que se acabara el dinero, eso solo aceleró el fracaso del proyecto. La clave está realmente en la desinstitucionalización de las cosas más esenciales para el desarrollo: la propiedad privada y su garantía, la legalidad, el pluralismo político, el Estado limitado de Derecho, la libertad de precios.Tuvimos todo lo opuesto: invasiones, expropiaciones y nacionalizaciones, instrumentalización partidista de las leyes, autoritarismo, controles de precios, y más.

Gran parte del chavismonacional e internacional tenían entre ceja y ceja la construcción de un nuevo sistema económico y político. Se trataba de edificar algo inédito: el socialismo con características bolivarianas. ¿Qué lo impedía? La burguesía, la falta de conciencia de clase, el capitalismo. Siempre había un nuevo chivo expiatorio disponible. ¿El objetivo? La fantasiosa creación del hombre nuevo. Una ambición clásica, aunque no exclusiva, del socialismo.

Durante la primera década del siglo XXI sucedieron muchísimas cosas que definieron el porvenir de millones de venezolanoshasta hoy. Por entonces, el gobierno nacional, encabezado por Hugo Chávez, se veía cada vez más todopoderoso. Con el petróleo al alza, el dinero parecía infinito. Esto favoreció la arremetida constante a todo tipo de opositores, políticos, económicos, culturales. Por ejemplo, cómo olvidar aquella maravillosa orden de Chávez de botar de las bibliotecas públicas las obras que contravenían la visión de mundo chavista. ¿Olvidaron lo que pasó con “Los viajeros de indias” de Francisco Herrera Luque?El hombre nuevo leería a Marx, no a Herrera Luque.

A viva voz, Hugo Chávez anunciaba en 2005 que “No son los hechos, no es la superficie lo que hay que transformar. Es el hombre”. Era la reunión en la que los delirios planificadores se dieron rienda suelta, surgió el Nuevo Mapa Estratégico. Esto último sería merecedor de un texto aparte, por ahora baste decir que simbolizó el inicio de una mayor radicalización del chavismo.

Con los años, quedó claro que como en Cuba todo se trató de fraude.El engaño perfecto que permitió a la nueva élite hacerse con el poder político y económico del país.Aquella idea antigua de las generaciones de oro, plata, y bronce, resultó igual a los gallineros verticales y los fundos zamoranos, solo otra aspiración vacua del gobierno venezolano. Por entonces, el chavismo se energizaba con cualquier delirio del líder.Así, una de las fantasías más grandes del chavismo era transformar la naturaleza humana. Valores socialistas, para crear hombres y mujeres nuevos.

Quizás a modo de excusa anticipada, se enfatizó sobre los sacrificios necesarios para lograr la titánica labor contra lo humano. Un “si no se logró fue por el egoísmo de la gente”, para que no se diga que no hubo advertencia. Ya se Napoleón Bonaparte advertía que“la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”. El socialismo goza de doctorado en darse de bruces contra la naturaleza humana, para luego apelar a las acrobacias interpretativas de sus simpatizantes.

Las dificultades en el viaje hacia su construcción eran vistas como obstáculos deseables. Nuevamente, Chávez les daba la bienvenida tan temprano como en 2001 con su “¡Vengan a nosotros las dificultades, que venceremos todas las dificultades, las naturales y las impuestas!”. Como era de esperar, se equivocó. Como todo socialismo, fracasó en todo menos en la cubanización de una sociedad con muchísimos problemas, sí, pero mejor.Pero más allá de echar mano a la hemeroteca, lo llamativo es cómo se consumó el desastre y cómo millones se prestaron a ello.

Gran parte de la culpa está, cómo no, en los grandes planificadores socialistas, con Jorge Giordani a la cabeza. Este fue ministro de planificación durante 13 de los 22 años que ya cumple el chavismo. Fanáticos del despropósito, se empeñaron en lo imposible, cambiar al ser humano.

Toda la retórica del chavismo fue orientada a resaltar la importancia de la transformación espiritual. Vistieron a Jesucristo de socialista, buen ejemplo de sincretismo religioso dirigido desde el gobierno.Buscaron neutralizar el afán de lucro y las aspiraciones de una vida próspera, no ya libre. Se afirmó que, con el reparto adecuado de la renta alcanzaría para todo.Se incrementó la participación estatal en todos los ámbitos, se renacionalizaron algunas empresas, y se crearon muchas nuevas para la incesante voracidad de los gobernantes y allegados. Así, el gasto público aumentó y se reorientó.

El gobierno se reafirmó como el principal actor económico, con mayor poder, más empleados, y un compendio de leyes que eliminaban cualquier viso de autonomía. Se popularizó la frase de que Petróleos de Venezuela (PDVSA) era “la caja chica del gobierno”.La autonomía del Banco Central de Venezuela duró unos pocos años. Varias reformas, algunos “toma y dame”del Ejecutivo y sus ministros (Giordani, cómo no), hasta que cumplieron el objetivo. Un BCV autónomo es una preocupación “neoliberal”, tal vez casi todos los venezolanos lo seamos ahora.

La reforma agraria y la lucha contra el latifundio del chavismo soloayudó al desplome de la producción nacional. Se hicieron convenios con otros países para importar maquinaria con el fin de favorecer aquella famosa “Soberanía Alimentaria”, pero solo perduró la importación de alimentos de mala calidad con sobreprecio.

Veinte años después, el país no era capaz de satisfacer la dieta mínima de sus habitantes.El hambre fue la norma, y cerca del 90% de la población es pobre.Como efecto particular, el chavismo fue capaz de fomentar todo lo contrario a lo que se proponía, hoy el país es hiper dependiente de las importaciones.El hombre nuevo, más pobre, peor alimentado y sin destino, coexiste en un país con el hombre de siempre, su antítesis, que sí resistió la crisis. Otro aniversario del 4 de febrero en el que el chavismo no consigue construir un mejor país.

Eduardo Castillo

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