MADRID, JÓVENES Y LIBERTAD

Pensaba que los jóvenes habíamos vuelto a perder la oportunidad de formar parte de la acción política, de ser escuchados y, lo más importante, de que se entienda que si un presente para los jóvenes no hay un futuro para la sociedad en su conjunto. Motivos para ese pensamiento no me han faltado, con ciertos medios de comunicación y el Gobierno empeñados en ofrecer una visión de la juventud distorsionada y ventajista, intentando grabar en la mente colectiva que los jóvenes solo servimos para hacer fiestas clandestinas y quemar Madrid y saquear negocios.

Pero eso tan solo es una mentira más que nos quieren colar y, aunque no niego que eso (en ocasiones) ocurra, en absoluto es seña de identidad de la juventud española, cuya inmensa mayoría es una juventud preocupada tanto por nuestro futuro como por el de los demás.

Pero no tiremos la toalla todavía, porque, aunque el gobierno parece no querer apostar por los jóvenes, los jóvenes si queremos apostar por un gobierno. Porque si algo nos diferencia de generaciones anteriores, es que nuestra generación ha nacido en una era digital donde todo fluye a una velocidad de vértigo, exigiendo la misma determinación y dinamismo en las decisiones a tomar. Y así es como fuimos capaces de unirnos muchos jóvenes de distintos signos políticos para construir unas medidas comunes y beneficiosas para todos en un documento 360 que se entregó a todos los parlamentarios en el Congreso de los Diputados y que muchos se comprometieron a cumplir. Estamos expectantes.

Con el 4M como horizonte cercano, la sociedad madrileña en general y los jóvenes en particular tendremos que elegir como vamos a tener que hacer) entre comunismo o libertad (lo que implica mucho más que una simple elección de ideas. Implica elegir entre dos modelos de sociedad y formas de vivir la vida antagónicos, elegir entre la mentira y la verdad, entre un futuro subyugados y un mar de oportunidades-

Y ahora, como cantaba el “Gran Sabina”, Pongamos que hablo de Madrid, y con ello de vivienda, mal endémico para los jóvenes. Y es que mientras el Gobierno de España se empeña en generar abandono e inseguridad jurídica, torpedeando así no solo la propiedad privada, sino también la libertad individual de las personas, hace caso omiso de nuestras propuestas, en las que abogamos por reducir trabas y desregular el mercado y aplicar medidas realmente eficaces para solucionar la escasez de vivienda.

Porque salvaguardar el derecho a una vivienda digna no pasa por expropiar a los ciudadanos o por limitar los precios del alquiler, lo cual se ha demostrado ya contraproducente en Barcelona o Berlín, sino que pasa, en primer lugar, por hacer una gestión eficiente de los recursos, sin gravar el bolsillo de los ciudadanos, y en segundo lugar por la colaboración público-privada, creando nuevas viviendas accesibles y liberalizando el suelo, es decir, todo lo contrario, a lo que planea el gobierno.

Es hora de abandonar el márketing y ponerse a gobernar en serio. Los problemas estructurales que afectan al conjunto de la sociedad, y muy especialmente a los jóvenes en un país donde el 40% de los menores de 30 años están en paro, no pueden esperar más.

Con un 14% de la población de España, la Comunidad de Madrid aportó el 20% del PIB, el 17% de las declaraciones y el 22,5% de su recaudación del IRPF. Su renta per cápita es un 52% superior a la media, y captó el 80% de la inversión extranjera directa. Mientras que el PIB español caía un 11% en 2020, el de Madrid lo hacía en un 10,3%. Y si en el último trimestre España crecía un 0,4%, Madrid lo hacía en un 4,4%. Mientras en Madrid se defendían vidas y libertades, en el Gobierno de Sánchez se aumentaban los sueldos de la administración, y los únicos rescates que se han producido han sido para las empresas afines del gobierno, como la obscena concesión de 53 millones de euros a la aerolínea chavista Plus Ultra.

Solo una política más liberal y más eficiente hacen que en Madrid tengamos esas cifras en comparación al resto de España. La reducción de impuestos es y será lo que nos mantenga en la senda positiva, manteniéndonos como una región atractiva para inversores, que a su vez generan más riqueza y puestos de trabajo sin tener que recurrir a vaciar los ya muy agujereados bolsillos de los madrileños como proponen Iglesias, Gabilondo y Errejón, con planes fiscales que supondrían un aumento fiscal para los contribuyentes madrileños de hasta 2.300 millones de euros al año.

Por eso tengo claro que los jóvenes madrileños a la hora de depositar nuestro derecho al voto lo haremos en serio, sin marketing y demostrando que, si todos somos un poco más libres y no nos ponen trabas, tendremos la oportunidad de ser la generación que haga historia.

David Anguita

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