David Enguita: Un año de la mayor crisis en 100 años

Ha pasado exactamente un año desde que estalló la mayor crisis sanitaria que hemos vivido en Europa en 100 años, y la realidad es que los números que nos deja la pandemia en España son sencillamente aterradores. Desde entonces, casi 4 millones de personas se han contagiado, más de 100.000 vidas se han perdido y casi 6 millones de personas no tienen empleo, se encuentran en situación de ERTE, o son autónomos sin actividad. Sectores críticos de la economía española, como el turismo o el sector servicios, han sido completamente arrasados, y la respuesta del Gobierno se ha ceñido a escudarse tras el prohibicionismo del estado de alarma y una falsa co-gobernanza para no tener que dar explicaciones, ni ante los medios, ni ante los ciudadanos, ni en la sede de la soberanía nacional.

Conocedor Sánchez de su incapacidad para gestionar una crisis semejante, “estudios Redondo” se ha volcado en retirar el foco del Gobierno dibujando marcos de acción para descargar su ejecución en las CCAA, pero al no desarrollarlos, éstas se encuentran atadas de pies y manos. Un perfecto ejercicio de escapismo que aplaudiría el mismísimo Houdini, pero también un execrable ejemplo de la más torticera irresponsabilidad y falta de escrúpulos.

Lo vimos al inicio de la pandemia con la centralización, nacionalización en la práctica, de la compra de material sanitario, que tuvo como consecuencia el desabastecimiento durante las semanas más virulentas del virus de guantes y mascarillas incluso para nuestros sanitarios. También con los toques de queda, exigiéndolos en el decreto de estado de alarma pero dejando a las CCAA la responsabilidad de su fijación.

Y por supuesto también con los cierres perimetrales, que solo consiguen aumentar las tasas de contagio al fomentar la movilidad interior en gigantescas jaulas a las que solo se puede entrar si se lleva en avión desde el exterior, porque el control fronterizo en los aeropuertos ni está ni se le espera. Pero el colmo del despropósito es ya incumplir tus propios Reales Decretos para poder descargar después en las CCAA las culpas de su imposible ejecución por falta de desarrollo legislativo, como está haciendo el Gobierno con el RD 37/2020 de medidas urgentes para hacer frente  a situaciones de vulnerabilidad social y económica en materia de vivienda como consecuencia de la pandemia.

Cuando el pasado 22 de diciembre el Gobierno anunciaba este Real Decreto, aseguró a bombo y platillo una legislación no solo para impedir los desahucios y lanzamientos durante la vigencia del estado de alarma, sino también compensaciones para los propietarios afectados al estilo de lo aplicado en otros países como el Reino Unido o Alemania, pendientes eso sí de ser desarrolladas y provisionadas por el Gobierno en el plazo de un mes para que las CCAA pudieran contar con los recursos económicos necesarios para hacer frente a la previsible avalancha de solicitudes.

Pero para Sánchez la co-gobernanza termina donde empiezan los focos, y la realidad es que, casi 4 meses después, el Gobierno no solo no ha desarrollado nada, sino que ha llegado incluso a votar en contra en dos ocasiones el hacerlo por vía urgente, abocando a una situación que de no revertirse hará imposible a los propietarios solicitar las citadas compensaciones.

Llegaron llamándose “el Gobierno de la gente”, pero han demostrado tener nulo respeto ni por las vidas humanas, ni por el futuro de los jóvenes, ni por el bienestar social. De negar la pandemia a asfixiar la economía con prohibiciones generales que ya se han demostrado exitosas para generar paro y miseria, pero absolutamente ineficaces para contener al virus.

Todas las ayudas directas discrecionales a empresas dudosas, por ser amables, como Plus Ultra, son las que les faltan a las peluquerías, a los hosteleros, a los autónomos, a las familias, a los jóvenes y, como no, también a los propietarios. Se ve que para el Gobierno no era ya suficiente el problema que afronta la juventud en el asunto de la vivienda, que le ha faltado tiempo para introducir un elemento más de inestabilidad, resumido en una nueva invitación a los propietarios a retirar sus viviendas del mercado del alquiler esperando tiempos mejores para la seguridad jurídica, provocando una disminución de oferta y un aumento de precios.

España no se merece una gestión tan desastrosa que parece hecha a propósito. Y por supuesto, Madrid tampoco. Y es por ello que el 4-M se hace más necesaria que nunca una amplia mayoría de Ayuso que permita que desarrolle el proyecto que los madrileños quieren, sin interferencias ni boicots del Gobierno central. Madrid es tierra de libertad, pluralidad y solidaridad, y Ayuso representa el único y auténtico dique de contención contra la izquierda. Utilizar, como ha hecho Sánchez, a la sociedad madrileña como cobaya de laboratorio, como mero ariete del chantaje político, no puede salirle gratis.

David Enguita

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