Sainz se estrena en el podio con Ferrari: segundo en Mónaco por detrás de Verstappen

El primer podio con Ferrari, en el escenario más lujoso, llegó con el sello distintivo de Carlos Sainz.

Ajeno a la inmensa presión al que le había sometido el abandono del poleman Charles Leclerc, el español completó una carrera sin fallos, una de esas que parecen sencillas para el ojo inexperto.

El aplomo para evaluar los riesgos resultó decisivo en Mónaco, donde Max Verstappen conquistó su segundo triunfo del Mundial, mientras Lewis Hamilton, séptimo, debió resignarse al consuelo de la vuelta rápida.

Ferrari fichó a Sainz precisamente para domingos como este, que parecen torcidos sin remedio.

Porque el palier izquierdo del SF21 había dejado fuera de combate a Leclerc 40 minutos antes de tomarse la salida y el honor de la Scuderia debía sostenerse con auténticos profesionales.

Sin errores en la estrategia, con sobriedad al volante, la segunda plaza de Carlos, por delante de Lando Norris, fue la recompensa al impecable trabajo de todo el fin de semana.

No hubo que lamentar ni un solo incidente en la salida, donde Verstappen cerró los espacios a Valtteri Bottas, para abortar cualquier ocurrencia del finlandés. Ese debía ser el momento clave de Mercedes, que podía enviar con el cuchillo a su escudero para comprometer al máximo al gran rival de Hamilton, séptimo en la parrilla. No obstante, nadie optó por otro recurso que el de la prudencia.

EL ERROR DE MERCEDES

El único capaz de ganar dos posiciones en esa primera vuelta fue Fernando Alonso, que se quitó de enmedio a George Russell y Yuki Tsunoda. Los neumáticos medios del Alpine rindieron mejor de inicio que los duros del japonés y metros más adelante, el asturiano pudo desembarazarse del Williams. Desde ese momento, la única nota de mención fueron las advertencias de los comisarios a Nikita Mazepin y Norris por saltarse de forma reiterada la chicane.

Los ricos y los pobres, los valientes y los precavidos, se limitaron a cuidar las gomas y mimar los frenos, lejos de los guardarraíles y con tiento sobre los pianos. Todos aguardaban el momento idóneo para el único cambio de neumáticos y para regresar a pista sin excesivo tráfico. Y en la vuelta 28 Mercedes, obligada por las urgencias, llamó a Hamilton.

La eficiencia de los mecánicos -2,7 segundos- fue inversamente proporcional al acierto de los estrategas, que devolvieron al heptacampeón justo por detrás de Pierre Gasly. «Vamos, hombre. ¿Cómo puedo estar por detrás de él?», lamentaba por la radio el líder del Mundial. «¿Qué ha sucedido, chicos? He perdido dos posiciones», insistía Hamilton, también a la estela de Sebastian Vettel.

Aún resonaban esas quejas cuando el sopapo para Toto Wolff resultó aún más duro que un simple overcut. Fue a la llegada de Bottas al box en la vuelta 29. Parecía un asunto trivial, pero no hubo forma humana de aflojar su rueda delantera derecha. Uno de los abandonos más absurdos de los últimos tiempos.

La competencia, aún frotándose los ojos, no tardó en reaccionar. Nadie pretendía ninguna locura con los neumáticos y todos eligieron los duros para alcanzar la meta. Ferrari cumplió con creces con Sainz en la vuelta 31, una antes que Red Bull con Verstappen. En realidad, todo lo relevante se había cocido ya y el único afán a partir de entonces debía ser encontrar la meta.

En el garaje de Red Bull daban saltos por el éxito de su estrategia, conscientes de que Mad Max enfilaba no sólo a la victoria, sino hacia el liderato del Mundial. Además, Sergio Pérez había escalado cinco posiciones, hasta la cuarta plaza, por detrás de Norris. El británico de McLaren ponía la guinda a un podio cargado de futuro.

Pese a las previsiones de los ingenieros, que manejaban más un 80% de opciones de un safety car, sólo hubo que destacar el trance de Lance Stroll en su reincorporación del pit-lane. Vettel sí pudo darse el lujo de un quinto puesto con el Aston Martin, mientras Alonso alcanzó el banderazo de Serena Williams, invitada para la ocasión, en la decimotercera plaza.

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