RASPUTÍN: EL MISTERIOSO MONJE

El otro día estaba en el coche, puse la radio y empezó a sonar una versión modernizada del éxito de finales de los 70 “Rasputín” de los Boney M. Escuchar esta canción demuestra que la figura de Rasputín sigue muy vigente de una manera u otra y me hizo pensar sobre él. Por eso, hoy, repasaremos brevemente la vida y obra de una de las figuras más fascinantes de la Historia y más relevantes de la Rusia que vio caer a la dinastía zarista Romanov; hoy hablamos de Rasputín, el “Monje Loco”.

 Una infancia y juventud rara

Grigori Yefímovich Rasputín nació el 22 de enero (según el calendario gregoriano) en la aldea siberiana de Pokróvkoye en 1869. Siendo el quinto hijo de nueve, el pequeño Grigori ya mostraba tics y gestos que lo señalaron como un niño peculiar: era muy nervioso, movía mucho los pies y siempre estaba haciendo algo con las manos. Algunos expertos actuales creen que Rasputín podía sufrir algún tipo de trastorno mental como un posible TDA (Trastorno de Déficit de Atención).

Por otro lado, las cosas que hacía tampoco ayudaban a verlo como un niño normal, ya que, en esa época, ya decían que tenía visiones relacionadas con Dios y que hacía profecías que se cumplían como la de descubrir quien robaba caballos de las cuadras. A medida que crecía, Rasputín se volvió alguien más conflictivo: robaba caballos, bebía y era un libertino y, como miembro de una familia campesina en la época de la Rusia zarista, Rasputín era un analfabeto, pero poseía una gran memoria, habilidad que no cabe duda de que supo mejorar y aprovechar en el futuro.

En 1887, con apenas 19 años, Rasputín se casó con Praskovia Fiódrovna Dubrovina con la que tuvo 5 hijos: dos murieron a una temprana edad, su hijo Dimitri moriría en un campo de trabajos forzados junto a su esposa, su hija Varya moriría en Moscú en 1925 de tifus y Matryona, la única que tuvo hijos, se exilió junto a su marido tras la guerra civil porque él era oficial del Ejército Blanco (los fieles al Zar Nicolás II). Tras 5 años de matrimonio, de repente, Rasputín abandonó a su familia e iniciar un viaje que lo llevó, primero, a pasar unos meses en un monasterio de Verjoturie y, después, a ingresar en la secta cristiana Jlysty o de los flagelantes.

Esta secta repudiad por la Iglesia Ortodoxa rusa, como su nombre indica, utilizaban el método de la flagelación para acercarse a Dios. También hay que decir que esta secta también organizaba orgías y otras actividades sexuales. Después de estar con esta secta, Rasputín conocería a un ermitaño, el Hermano Macario, que le influenciaría fuertemente porque le ayudaría a tener una vida de monje ermitaño y a dejar de beber alcohol y de comer carne. Al regresar a casa, Rasputín se había convertido en un monje que tenía poderes de curación y era un profeta.

Un monje en la corte del Zar

En 1903, Rasputín llegó a San Petersburgo, la capital del Imperio. Allí, en poco tiempo, creció su reputación como hombre santo con poderes curativos. Con dicha reputación, en 1905, fue llevado ante la zarina Alejandra Fiódrovna. Esta quería que el monje usara sus poderes sanadores para curar a su hijo y heredero al trono Alexéi Nikoláievich que sufría hemofilia y que ninguno de sus médicos podía curar. Parece ser que Rasputín usó algún tipo de técnica de hipnosis con el príncipe que ayudó a que este se recuperara milagrosamente. De esta manera, Rasputín se ganó la confianza de la emperatriz y, por extensión, la del zar Nicolás II que lo nombró médico personal y consejero. De esta manera, Rasputín se convirtió en una de las personas más poderosas de Rusia: nombraba funcionarios y supervisaba las decisiones tomadas por el zar.

En 1914 daba comienzo la Primera Guerra mundial (1914-1918). Rusia se unió a la alianza de Francia y Reino Unido para enfrentarse a la alianza del imperio alemán, austrohúngaro y a Italia. Nicolás II apoyó al Reino Unido porque el rey británico Jorge V y el zar ruso Nicolás II eran primos. Fue entonces cuando, centrado en dirigir al ejército, el zar cedió el poder político al Monje Loco. Aparte de seguir nombrando altos cargos del gobierno, entre 1914 y 1916, Rasputín volvió a las andadas de hace décadas atrás y, aprovechando su poder y su atractivo físico, organizaba y asistía a muchas orgías sexuales donde participaban miembros (tanto hombres como mujeres) de alta nobleza rusa de la época.

También hay que decir que, según los servicios secretos británicos, Rasputín intentó negociar la paz con los alemanes. Toda esta situación provocó que Rasputín se ganara poderosos enemigos. Tras un intento de soborno a cambio de que se fuera por parte del primer ministro Trépov y de un intento de asesinato del exministro Jvostov; en 1916 se juntaron unos pocos para planificar la muerte de Rasputín.

Un final a la altura

El 29 de diciembre de 1916 (según el calendario gregoriano), Rasputín fue invitado al palacio del príncipe Félix Yusúpov, uno de los conspiradores, para que conociera a su bella esposa Irina. Con la excusa de que su esposa estaba atendiendo a otros invitados (una gran mentira porque ella ni se encontraba en Rusia), el príncipe le ofreció al monje vino y unas pastas que contenían cianuro. Aunque, como por arte de magia, Rasputín ni se inmutó al envenenamiento. Todo apunta a dos posibilidades: o que el cianuro estaba en mal estado o que el azúcar de los bollos y el vino disminuyeron sus efectos.

Por desesperación, Yusúpov le disparó en varias ocasiones. Cuando creía que estaba muerto, Rasputín se levantó, atacó a su agresor e intentó huir y, esta vez, otro de los conspiradores, el diputado de la Duma Vladimír Purishkévich le disparó otras tantas ocasiones y lo golpeó para dejarlo inconsciente. Tras eso, los conspiradores arrastraron el cuerpo de Rasputín hasta el río Nevá. El cuerpo sería encontrado dos días después y la autopsia revelaría que, a pesar del cianuro y de los disparos, Rasputín habría muerto por ahogamiento. Investigaciones recientes han analizado este asesinato y han descubierto que Rasputín tenía un agujero de bala en la frente que, se podría confirmar, que la hizo el agente del MI6 Oswald Rayner, amigo de la universidad de Yusúpov.

El cuerpo del monje sería enterrado junto al palacio de Tsárskoye Seló (La Villa de los Zares) en San Petersburgo en enero de 1917. Como curiosidad, tras morir, le cortaron a Rasputín su miembro y, tras pasar por diferentes manos, en la actualidad se expone en formol en el museo erótico de Rusia. Un mes después de su entierro, en Rusia se produciría la Revolución de Febrero que traería el fin de los zares, la muerte de los Romanov y la guerra civil, tal como profetizó en la última carta que le envió a Nicolás II antes de ser asesinado.

Durante ese mes, el cuerpo de Rasputín fue exhumado y fue quemado en el bosque de Pargolovo y sus cenizas fueron esparcidas.

De esta manera vivió y murió Rasputín, el Monje Loco; el hombre que de no tener nada lo tuvo todo gracias a su carisma que, a día de hoy, sigue fascinando e inspirando.

Carlos Llanos

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