2020: el batacazo de Occidente: “sueños por encima de dinero”

2020: el batacazo de Occidente: “sueños por encima de dinero”

Siempre que acaba Bachillerato, la familia suele preguntarte qué quieres hacer con tu vida. En mi caso, como en muchos por parte de la sociedad española, meten en la cabeza la idea de tener un sueldo como funcionario público, ya que se trata de un sueldo fijo para toda la vida.

¿Qué más da si los empleos públicos destinados no se alinean con las pasiones de un determinado individuo? Por ejemplo, se puede presenciar cómo la profesión de maestro es vendida porque tiene salida y estabilidad laboral, obviando que las miles de personas que realizan el examen de oposición tienen corazón de magníficos pedagogos como Francisco Giner de los Ríos, Lorenzo Luzuriaga.

Curiosamente, muchas de esas mentes obtusas dispuestas a contagiar sus fatalismos pesimistas dando comentarios burlescos hacia quién quiere soñar, son aquellas que se indignan porque aparecen cursos de trading en YouTube a mansalva.

No seré yo quien esté de acuerdo con aprender sobre la inversión en bolsa mediante un curso que puede durar equis mese, sobre todo en un mercado en el que la información vale su peso en platino y es accesible para unas pocas personas.

Pero no menos cierto es que el mismo carácter vende motos de dichos cursos se asemeja a las miles de empresas online para preparar todo tipo de oposiciones, usando mensajes emocionales ceñidas a trabajos llenos de comodidad y obviando cualquier tipo de vocación hacia dichas profesionales.

Si uno de los padres fundadores de EEUU, Benjamin Franklin, levantara la cabeza, se iría a descansar orgulloso por el legado dejado, pero deseando no ver lo que se quería cocinar.

Su frase “aquellos que renunciarían a la libertad esencial para comprar un poco de seguridad temporal no merecen libertad ni seguridad” parece quedar abocada a la desaparición cuando mucha gente vitorea encandilada cuando el gobierno español pretendió aumentar considerablemente las plazas de funcionarios y a ascenderlos como tal a miles de interinos de la Administración Pública.

¿Cómo es posible que osen en aumentar el número de contratados cuando la deuda del PIB español se puso a máximos históricos con la pandemia y los precios de cosas esenciales de la luz ascendió hasta cotas inimaginables?

Las cuentas no salen, ni económicas, ni a nivel ético-moral, ya que el superficialismo económico se supeditó a la búsqueda de la satisfacción personal mediante la autorrealización.

Menos mal que gente como Henry Ford, el coronel Sanders, Enzo Ferrari o Steve Jobs lucharon por ideas surgidas como fruto de soñar despierto. Desafortunadamente, ahora está de moda medicar a los niños o reírse de los mayores al “estar un poco en las nubes”.

No vaya a ser que encuentren motivos de peso por los que vivir una vida plácida acorde a sus pasiones y no entre en la cadena de montaje ideada por mentes enfermas de poder.

Ojo, no hace falta adentrarse en el mundo de los empresarios multimillonarios para poder cumplir sueños satisfactorios, ya que hay escritores como Jordi Sierra i Fabra que simplemente pretenden que su afán por devorar teclas les permitan tener una vida digna y feliz o incluso entrenadores personales en su propio gimnasio, entre otras profesiones.

Soy consciente de que estas teclas pueden sonar como un panfleto de autoayuda, sobre todo para gente a la que le urge el dinero al existir tantas facturas a pagar.

Nada más lejos de la realidad, se trata de intentar hacer una llamada a un despertar colectivo en momentos cruciales de la vida de una persona para no tomar el camino equivocado y, posiblemente, se termine encontrando con la posibilidad de no poder dar marcha atrás.

Así que, en tiempos de elección entre la seguridad y libertad, la bifurcación se antoja decisiva para la felicidad común, y cuidado con darle demasiado pie a la razón disfrazada de dinero, ya que el corazón puede volver atacando sin cesar con el paso de los años, pero habiendo destruido todo lo que se le antoje de por medio.

Kylian Márquez @viviendoentreteclas

 

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